SYMPATHY

Por Andrés Grillo Cuello, Diciembre 2022

Cuando hacia 2005 Leonardo Casas me invitó a escribir sobre el significativo trabajo de “¿Dónde están mis sueños?”, rondaba sobre su trabajo la convicción de un cosmos cultural del cual se carecía de un aparato lector siquiera con la habilidad de vincularlo al escenario del arte contemporáneo de entonces. Estamos hablando de una obra que, era capaz de situar en el centro de su atención el complejo de lecturas que atravesaban y atraviesan la figura y persona de Charles Manson. Una acción thanática, y que evidenciaría un trabajo sostenido sobre la motilidad de otro margen: menos grandilocuente y más resistente, de carácter iniciático y a la postre más perturbador para los escenarios con los que comparte espacio.

«Charlie a la corte», acrílico sobre tnt, 2010 (exposición «Jardín de las delicias», Balmaceda 1215,Santiago)
«Outside (Cuatro chicas Manson)», acrílico sobre tnt, 2010 (exposición «Jardín de las delicias», Balmaceda 1215,Santiago)

En 2004, “En amar no hay error” se realizó en Galería Balmaceda 1215, donde el artista disponía de elementos distintivos del llamado Templo del Pueblo (o de la Gente), el culto que Jim Jones había llevado a Guyana, donde finalmente serian convocados a un suicidio colectivo. Es decir, entre las obras de Balmaceda y BECH, Leonardo Casas sentaba un precedente iconográfico que singulizará su obra en el medio artístico chileno convirtiéndolo en el autor de una figuración exquisita lejos de abstracciones y devaneos político conceptuales locales.,

En esta aventura, Casas propone una figuración activa, desacata el mandato del cuerpo fragmentado y escarmentado, y afrenta los nudos de la desaparición con la estética de la vanidad y la autoafirmación de los márgenes de otras lides. Nos aproximamos a experimentar el fin. Los sentidos únicos, las herramientas que la modernidad nos otorgaba han desarraigado. Es un tiempo nuevo, perturbador, sádico, el fin definitivo o el tránsito a un nuevo tipo de experiencia.

Collage de imágenes de obras expuestas en «En amar no hay error», Balmaceda Arte Joven, 2004

Más todavía, Casas parece indicarnos que solo padecen los ausentes, los alienados. El arte continúa como vehículo místico de exaltación e iniciación, pero, esta vez, es el ojo del artista guiando al aprendiz, pontifica hacia el cine, la Tv, y la publicidad. Su obra colecciona símbolos que re-definen la cultura visual de los últimos 60 años. A través de ellos, las imágenes de desecho se iluminan de un modo inesperado. ¿Cuánto de lo que hemos visto, lo “hemos visto” realmente?

¿Qué sabemos de nuestra realidad? ¿Cuánto desciframos el mundo en el que nos desenvolvemos? Estas preguntas parecen ir de la mano del artista, si bien, se comprende, son preguntas extensivas a todo creador. Pero Casas nos lo sugiere lejos de la percepción y la contemplación sensible. Para el artista, los signos de nuestra cultura global contemporánea proliferan a niveles imposibles de continuar. Flujos productivos a gran escala para satisfacer demandas aún por concretarse, resitúan la comprensión del momento actual por debajo, por detrás y sin fuerzas. El primer mundo, prolífico en la exportación de sus miserias, y el tercero, alimentándose de sus sobras, determinan una dinámica de abuso y dependencia, sin espacio de análisis efectivo.

Pero es aquí, el artista, quien reorientará la mirada desde la distancia geográfica atravesando un camino por el que transitar hacia una comprensión integral de los procesos aculturantes y civilizatorios en los que nos vemos envueltos. Lo siniestro en Leonardo Casas pone énfasis en la ficción de bienestar del habitante medio del Occidente global; relegar, sancionar la perversión no parece ser beneficioso para un estado social pleno, saludable, a la vez que, no puede exportarse el concepto de bienestar a sabiendas de este ocultamiento. Una sociedad polarizada de manera dual no puede contener todo el espectro de conductas de sus individuos ni de su lectura y asimilación. Más todavía, es en este enjambre de bienes y fetiches de la mercancía donde subsiste un mundo pagano, renuente a la dualidad semítica, que se expresa en las sombras, pero también en la luminiscencia de las grandes puestas en escena.

Comienza, entonces, a conformarse una obra que revela, critica y también conjura un estado de cosas actual que conviene exhibir en su función disuasiva, pues, no pertenecemos a un orden social justo y equilibrado, sino a una confusa disputa de poder de saberes, instituciones y regímenes que de manera aplastante resitúan la existencia de los individuos a su haber, razón de una observancia crítica que, como latinoamericanos, podemos leer con éxito.

¿Con qué aparato crítico contamos para desmontar este gravamen? Sin duda que no es poco: Si Foucault, si feminismo, Marx, Teoría Critica, Filosofía de la Liberación, Indigenismo, teoría queer, y un largo y fructífero etcétera. Pues, con Leonardo Casas estamos de frente a otro conjunto de herramientas. Sin dejar de interpelar a este estado de cosas como artista en tanto tal, Casas nos pone de frente a una cinemática de sucesos a riesgo de hundirnos en su oscuridad. El miedo, la inquietud, la repulsión, no debiesen estar ajenos a quien observa su figuración, verdaderas esfinges, custodios de respuestas.

«Abracadabra», Letras de paño, flecos y borla sobre banderín, 90 x 90 cms. apróx. Foto por: Nicolás de Sarmiento
Vista parcial de «Sympathy» en exhibición en Taller 55, Diciembre 2022, Santiago de Chile Foto por: Nicolás de Sarmiento
“Invocación”, Acrílico sobre tela, 40 X 60 cms. 2022

Para el artista habitar la contemporaneidad es habitar el vacío de sentido que hace mucho se arrojó la modernidad, el deus absconditus que se deja observar en las antípodas de la sociedad justa. Con Leonardo Casas habitamos en Apocalipsis, que con deleite nos guía a través de una panorámica de errores, desfases, captura de imágenes olvidadas, escondidas, insignificantes, donde también se ha expresado en presente, el “ser para la muerte”.

Entonces, es que en la misma cultura en la que vinculamos nuestros afanes, existe un opuesto radical; cohabitamos con energías inversas, disruptivas, atentas a coartar el ascenso fatal sobre nuestro libre ejercicio de la capacidad crítica que debiésemos poseer. Es así que invocamos al satanismo, al verdugo final, madre Kali. Y para ello, el arsenal está: en el rock, en el pop; en la televisión y la publicidad; en el cine arte y el porno, como en una Catedral invisible, el arquitecto ha dispuesto el mensaje, colegido en las manos del artista.

Una a una las imágenes colegidas prosiguen como develamiento del artificio de la estructura social occidental, impulso que desde los años 60 empuja los límites de la percepción en un movimiento psicodélico devastador. Inicio y Reinicio, Amanecer y ocaso se perfilan en bucles shivaísticos de cuyo giro se desprenden imágenes que fueron alojadas en el circuito visual del tiempo y que son aprovechadas por el artista iniciado.

“Canciones nocturnas”, Acrílico sobre tela, 25 x 25 cms. 2022 Foto por: Nicolás de Sarmiento
“Angel”, Acrílico sobre panel entelado (Enmarcado), 18 x 23,5 cms. 2022 Foto por: Nicolás de Sarmiento

Es aquí que debemos preguntarnos por los nombres utilizados por el artista en su faceta de creador visual, editor y curador en “En amar no hay error”, “Babylon Projects”, “Estrellita Mia” o “Sympathy”. No cabe duda de la tensión de elementos cultuales en la obra en análisis. El trabajo de Leonardo Casas repasa la forma y el discurso del satanismo, el paganismo y la brujería. Aquí dichos elementos son artefactos visuales de oposición social, cultural y religiosa y una invitación a la inversión de factores discursivos oficiales. Todavía más, son los textos mismos en estos cultos que permiten al artista utilizar otra narrativa. El mal, ser adversario, la lujuria como valor y un ritualismo esotérico, son aquí herramientas de cambio no solo cultural, sino también social y político. Esto permite que la obra de Leonardo Casas se muestre limpia, siempre en equilibrio, a la vez que alude al fin definitivo, al caos que antecede el último tramo de la sociedad cristiana, demostrando la seguridad y la certeza de quien posee el último libro de la revelación.
Se puede entonces apreciar la conformación de una obra que comunica la superficialidad y abandono de la sociedad de consumo contemporánea con su derrotero definitivo a través de una serie de elementos visuales que delinean la perversión de una sociedad violenta y desprovista de sentido. Un eterno presente que nos es mostrado como placer errabundo en contraposición a lujuria intensa y desatada, indecisión adulta y certeza adolescente, repetición versus innovación de culto.
El conjunto social, finalmente, se evidencia como anómalo, un enfermo terminal con el que debe acabarse, un sujeto de sacrificio, cuyo rito de purificación final se realiza con las mismas herramientas que lo crearon, pues en el trabajo del artista lo latino como condición situada parece no tener relevancia. Una aproximación posproductiva de la cultura le permite al artista ensamblar los elementos de un mensaje que parecía imposible, y esos elementos son provistos por la primacía cultural del primer mundo. De allí provienen los excesivos Charles Manson y Jim Jones, por ejemplo. Es en sus actos sangrientos donde debemos observar, contener el prejuicio, abrir el sentido en la imagen de conflicto y en la simbología oscura, más aún cuando nuestra pertenencia poco importa en ese viaje definitivo a Cielo Drive o Georgetown.

“Jinetes de la bruma”, Acrílico sobre tela 25 x 25 cms. 2022 Foto por: Nicolás de Sarmiento
“Straight Satan 1”, Acrílico sobre papel,  20 x  15 cms. 2022
“Aura”, Acrílico sobre tela, 30 x 40 cms. 2022 Foto por: Nicolás de Sarmiento
“Jumpin’ Jack Bob”, Acrílico sobre panel entelado (Enmarcado), 18 x 23,5 cms. 2022

En 2005 hacíamos alusión a lo que germinaba en los movimientos contraculturales hippies de los años 60. Ir más allá de los límites, golpear a las puertas de la percepción no podía terminar de otro modo. Así como entonces, si podíamos leer en esa masiva concentración de energía que fueron The Beatles, al abrirse a romper los límites con un álbum llamado “Revolver”, un síntoma de que dicha remoción de sentido debía hacer de modo invertido. Inicialmente, habiéndose propuesto como “Abracadabra”, Revolver haría alusión al movimiento del disco en la tornamesa, no obstante, la apreciación inmediata sugiere al arma, famosa por su cañón rotatorio. Inversión, rotación, violencia e…indeterminación, con un track como “Tomorrow never knows”, los elementos de la cultura de ese entonces podrían leerse perfectamente como abandono y consiguiente caos.

El ejercicio pleno de la libertad solo puede alcanzarse al disponer de mayor conocimiento. En la visualidad de Casas sus retratados se muestran en evidente complicidad, aún en escenarios diversos e incomunicados. En “Sympathy”, se muestran afables, invitando a ser observados, reconociendo en sus espectadores a aquellos a quienes se ha abierto el poder legible.

“Reunión”, Acrílico sobre tela, 50 x 60 cms. 2022
“Free Festival ‘69”, Acrílico sobre tela (enmarcado),   50 x 75 cms. 2022
«Sympathy (For the devil)», la infame canción grabada por la banda inglesa the Rolling Stones sirve de concepto base para la presentación en Taller 55 de la nueva muestra de Leonardo Casas García, 2022

Así, volvemos a la pregunta de 2005, “¿dónde están mis sueños?”. La provocación es abierta. Leer aquello y confrontarse con la reificación de Charles Manson, en Chile, abría la interrogante del potencial destructivo de dicho trabajo. Una cultura del horror es también una cultura del presente. Más allá del “todo documento de cultura es documento de barbarie”, los tiempos que se viven son tiempos de horror, como designio inevitable o canto de sibila. La respuesta a ello nos conduce a la autoafirmación de un mundo imposible. Sin coordenadas claras caemos en fanatismos y supersticiones confirmando aquello de la pérdida de los grandes relatos. No hay antes o después ni jerarquías, configurándose un mundo monstruoso, siniestro ante el cual y dentro del cual se experimenta aquello que llamamos “la vida”. La cultura es la consecuencia de nuestras relaciones y escalas de valores en relación a nuestro avance científico y tecnológico, pero ante los descomunales flujos de información e intercambio, la cultura ya no contiene, se deconstruye para comprender y asimilar aquella densa capa informativa sin beneficio significativo en los individuos. En la combinación infinita de elementos que puede traslucirse acá, podemos definir lo deseable, lo vital, lo ajeno y lo pernicioso suficientemente lejos de todo orden cultural anterior.

Los sueños de Casas cumplen con definir un malestar y realizarse por vez inédita en la sonrisa de sus retratados, y esta vez invitando a ser cómplices, a lo que acudimos, simpatizando. Preciosa manera de abrirnos a la comprensión de un trabajo que año a año afirma su autonomía y que hoy fidelizamos.

Andrés Grillo

2022

Andres Grillo es Licenciado en Teoría e Historia del Arte, se desempeña como investigador y curador desde 2004. Actualmente es Doctor (C) en Filosofía por la Universidad de Chile

Taller 55 es un espacio cultural nacido en el 2021 y ubicado en la Casona Puyó (Monjitas 625) en el corazón de la ciudad de Santiago y dirigido por Tatiana Pino (@esqueleto.libros) y Ashly Tillería (@ashly.tilleria)

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